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January 18 No nos lo merecemos(Llevo unos días donde los minutos se transforman en segundos y las horas pasan como… Segundos!!!. Parece que poco a poco la situación se endereza y volveré a ofreceros actualizaciones como merecéis. Mientras tanto adjunto una colaboración de un fiel lector de ascendencia francesa, provocada por los tristes movimientos acaecidos en los últimos días, que como él mismo recuerda provocan que “Ante la indignación desaparezca la mesura y con ella la virtud.”)
Es un tópico español decir que se tiene aquello que se merece y, ciertamente, en ocasiones esta máxima se cumple a rajatabla. Durante muchos años he pensado que tenemos la clase política que nos merecemos, más que nada, porque somos nosotros quienes la hemos votado y por tanto, somos los responsables últimos de su elección. Sin embargo, en los últimos años he virado abruptamente mi pensamiento hasta llegar al convencimiento de que los españoles no nos merecemos los representantes que tenemos, ¿o es que alguien de verdad se siente bien representado por Pepiño Blanco o por Zaplana? Ayer estuve practicando el frustrante deporte de seguir el debate sobre el terrorismo que se mantuvo en el Congreso de los Diputados y reconozco que mi paciencia ha llegado al estado de saturación. Supongo que a la mayoría de quienes lean estas líneas sus deberes laborales o universitarios no les habrán permitido seguir las interminables comparecencias en directo y se habrán tenido que conformar con los resúmenes que los medios de comunicación han realizado y, la verdad, tal y como está el panorama mediático actual, no creo que se hayan podido formar una opinión real de la catástrofe acaecida ayer en la Carrera de San Jerónimo.
Antes de entrar en materia aclararé que yo soy de los que consideró que Zapatero tenía no sólo el derecho sino también la obligación de intentar acabar con ETA mediante la fórmula democrática que él creyera más adecuada incluyendo, por supuesto, una posible negociación. Diré también que, a pesar de que siempre he pensado que a nuestro presidente le viene muy grande el proyecto de dirigir una nación, en la cuestión del terrorismo mi ingenuidad me hizo creer que cuando solicitó a las Cortes que aprobaran una negociación con ETA si ésta dejaba las armas, era porque el gobierno manejaba una información que se nos escapaba a los profanos y había ideado una estrategia política cuyos resultados no se podrían ver en el corto plazo. Evidentemente me equivoqué y sus declaraciones del 29 de diciembre reflejaron que no tenía la más remota idea de en qué aguas estaba nadando.
Pues bien, volviendo al debate antes mentado, el pleno extraordinario de ayer 15 de enero empezó con un Zapatero superado por los acontecimientos y tirando de autocrítica con tintes de victimismo. Por supuesto que era un intento de sobrevivir al hundimiento en el que estaba sumido, pero realizado desde la humildad y la solicitud de colaboración del resto del arco parlamentario. No se me escapa que el hecho de que quisiera sumar a mas partidos políticos al Pacto por las libertades y el terrorismo firmado hace siete años con el PP, fue por voluntad explícita de sus socios de gobiernos (nacional y catalán) pero no deja de ser necesario, imprescindible en mi opinión, la unidad de todos los demócratas (representados en nuestra cámara baja) contra los bastardos asesinos.
En estas que subió a la tribuna el peor Rajoy que he visto desde que se dio a conocer en los Ministerios de Administraciones Públicas y de Educación y Cultura. Extrajo de una carpeta un taco de folios, obvió todo lo que había dicho su interlocutor socialista, y se dedicó a leer toda clase de difamaciones e insultos (insultos parlamentarios de esos en los que llamas mezquino al que quieres llamar hijo de puta, pero insultos al fin de al cabo). En definitiva, se dedicó de manera ruin a hacer política (y de la mala) aprovechando las dos muertes de Barajas.
Volvió entonces al estrado Zapatero, y lejos de practicar el tan famoso talante que le llevó a la Moncloa, entró en la batalla cuerpo a cuerpo con el popular y sacó también lo peor de sí mismo. Se indignó, gritó, gesticuló hasta la frontera del espasmo. Si hubiera podido se hubiera arrojado sobre los escaños populares emulando lo acaecido en el Parlamento mejicano hace unos meses. Anecdóticamente contaré que en un momento en que estaba fuera de sí, con la frente enrojecida por el acaloramiento, los ojos inyectados en sangre y las venas queriendo escaparse de su cuello, se notó perfectamente como nuestro Presidente estuvo a punto de esputarle a su oponente político la frase -“pero que estás diciendo, si no tienes ni puta idea”-, afortunadamente, fue capaz de controlarse e interrumpió el insulto recién iniciada la “p”, oyéndose simplemente -“no tienes ni p..idea”- pero siendo perfectamente detectable la intención de enfatizar la ignorancia del popular con desmesurada rotundidad.
Diré que las virtudes oratorias de Rajoy y su capacidad de ironizar en la batalla campal superan con creces a las dotes de quien nos preside, pero el comportamiento fue exactamente igual de patético y tercermundista. Tanto como los vítores y aplausos de sus respectivas “clas”. Absolutamente indignante. Se olvidaron de ETA, de los muertos, de los vascos y del resto de los españoles que estamos hasta la mismísima rima fácil.
Si tuviera que calibrar cual de los dos contendientes ganó el debate, diría sin duda que Rajoy. Es mejor político, no le temblaron las piernas y estuvo firme en su oratoria y en su gesticulación. Pero si tuviera que definir cual de los dos fue más ruin resaltaría también al líder de los populares. Agresivo, machacón y zafio. Para empezar, no entiendo que alguien que interviene en una comparecencia del gobierno (no olvidemos que esto no era el debate sobre el estado de la Nación), lleve escrita una encíclica y no se salga de ella ni un solo momento. Perdón, pero ¿no se trataba de contestar a la propuesta (patética o no) del gobierno? Por otra parte, no sé si por convencimiento o por estrategia política, pero de entre los pugilísticos y bidireccionales ganchos, Zapatero tuvo algún leve intento de relajamiento o pacificación que Rajoy se pasó por donde os podéis imaginar.
Por tanto Rajoy fue más rastrero pero más efectivo y posiblemente salió vencedor del debate. No lo sé, supongo que otros pensarán que ganó Zapatero, y puede que no les falte la razón. Incluso muchos, entre los que me incluyo, creeremos que quienes realmente salieron victoriosos fueron los asesinos, que seguro que se lo pasaron en grande viendo la contienda. No sabemos por tanto quien resultó ganador pero lo que está claro es que los que perdimos fuimos el resto de los españoles, aunque no parece que eso le importe a nadie.
Lo siento, Presidente del gobierno y líder de la oposición, pero ni entiendo la irresponsabilidad del uno, capaz de continuar sus vacaciones después del atentado como si no pasara nada (sus hijas son más importantes, claro), ni acepto el oportunismo del otro, capaz de aprovecharse de la situación y de buscar excusas pueriles para no ir a la manifestación.
Es posible que los españoles no seamos ejemplo de muchas cosas pero desde luego no nos merecemos esta clase política. Comments (5)
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